martes, 18 de octubre de 2016

Neo (El Sachanazi)

En Tucumán la historieta va a ser incorporada en la enseñanza oficial no como una rama de la literatura o de las artes plásticas, sino que tendrá su propio espacio curricular, con profesores, no de plástica sino de historietas. Ya es tiempo que este arte y rama del saber sea incorporado, después de tantos años de lucha, a las aulas con todo el respeto y el lugar que se merece (que no es mayor ni menor que cualquier ciencia u objeto de estudio de las ciencias). Utilizada en el primer mundo como una herramienta didáctica y valorada artísticamente en los mejores y más prestigiosos museos de arte, ya es tiempo que en nuestro Norte comienza a tener el lugar que se merece, así como a los que se dedican a este tan hermoso y difícil trabajo de dar vida a las historias y personajes de nuestra Argentina. Felicitaciones a aquellos dibujantes tucumanos que lograron tan meritorio logro en el lugar de la educación formal y sirva esto de ejemplo a nuestra provincia, donde la historieta no ha sido reconocida nunca en su justo valor, en especial la historieta provincial o regional quedando casi siempre en segundo plano con respecto a los gigantes de las empresas multinacionales del entretenimiento y del llamado "Comic", de súper héroes. A pesar de ello en los últimos años ha logrado lentamente, la producción local, instalarse en algunos rincones de ese maremoto de ofertas de todo tipo que es la Feria del Libro (donde a veces lo que menos brillan son los libros) obnubilados por seres disfrazados siempre de personajes Yanquis o japoneses...les preguntaría a esos jóvenes y no tan jóvenes seguidores de este estilo...¿ Ustedes creen que en Norteamérica alguien se disfraza de Almamula o de Mayuj Mama?... La respuesta es risible y ya la sabemos, pero implica algo grave que nos hemos acostumbrados a aceptar con toda naturalidad: las culturas más vulnerables, las más inestables, las más débiles son el blanco perfecto de la invasión cultural, algo que los norteamericanos se toman muy en serio. El problema es más complejo y extenso e interesante, hablamos de si aquello que nos es impuesto desde afuera necesariamente es lo mejor, pero en el bombardeo multimedial, no tenemos tiempo de pensar que es lo que estamos aceptando. Sabemos por ejemplo, que nuestros niños santiegueños (por una cuestión de evolución psicológica) imitan a los personajes de televisión en sus primeros años de vida hablando como ellos, o sea, aprenden primero a hablar como mexicanos o latino neutro (sería castellano neutro) y después en la tonada santiagueña. Ni hablar de la infinidad de palabras en inglés que se incorporan continuamente y que pueden ser tranquilamente dichas en castellano. Eso sí, al alumno que dice ishpar la maestra lo reta (orinar en quichua). Pero un "cofibric" (como suena) en vez de un recreo o descanso es visto como símbolo de progreso y "alta" erudición aún en los ámbitos académicos.